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sábado, 13 de mayo de 2017

¿Dónde van las mascotas?

¡Feliz sábado!
Hoy continúo con la historia de Alán que comencé la semana pasada, pero desde una perspectiva diferente. El reto 6 de Literup dice que describa una escena de un relato "pensando en una fecha significativa" para mí, y que traslade "esas emociones" a los personajes.
Ya hablé una vez de lo mal que me sentí cuando mi mascota de infancia desapareció, sobre todo porque intuía que los adultos no me estaban contando toda la verdad. Hoy me he basado en esas emociones para contar esta historia.

Chimpo
Es invierno. En las calles hace frío, por lo que nadie se queda a jugar tras las clases. Nadia preferiría pasar más tiempo con sus compañeros, pero la consuela pensar que Chimpo la espera en casa. Siempre que llega a casa, su perro corre a recibirla. Cuando Nadia está triste, él juega con la niña, le pide mimos, o se los da él. Salen a pasear cada día, y echan carreras por el parque del barrio.
Hoy algo es diferente. La recibe el silencio. Chimpo siempre araña la puerta en cuanto siente su olor en las escaleras, pero hoy el único ruido que oye es el de sus propias llaves.
La casa está vacía. Nadia piensa que tal vez su padre ha llegado antes y ha salido a pasear con el perro. Es raro; Alán siempre trabaja hasta tarde, y solo saca a Chimpo por las mañanas. Pero es la única explicación que se le ocurre.
No vuelven; solo cuando es de noche aparece su padre a la hora de siempre. En cuanto entra, solo, Nadia le pregunta si sabe dónde está Chimpo. Alán suspira con tristeza.
—De eso quería hablarte.
Su tono hace que Nadia trague saliva. Se avecinan malas noticias.
—¿Qué ha pasado?
La niña llora antes de saber la verdad. Su padre se sienta con ella en el sofá. La abraza.
—¿Recuerdas ese malvado gato del que te hablé? Él y sus compinches han secuestrado a Chimpo. Es tan listo que ha escapado, pero para que no lo atrapen de nuevo, ha tenido que irse muy lejos, fuera del país.
Nadia contempla a su padre con ojos llorosos.
—¿Otra vez con tu estúpido cuento de los gatos? Papá, no soy una cría. Reconócelo, Chimpo está muerto.
(...)
Cómo me duele que mi hija Nadia sufra. Ojalá pudiera demostrarle que mi "estúpido cuento" es cierto. Pero tengo miedo de que intente usar la máquina y se meta en problemas, sobre todo, con esos gatos psicóticos sueltos. Yo mismo me he prohibido utilizarla. Así que, por su bien, asiento y dejo que crea en la posibilidad más racional y triste: que Chimpo no ha tenido que huir de ningún felino perturbado, sino que ha muerto.

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