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sábado, 18 de marzo de 2017

El mar (parte 1)

¡Feliz sábado!
Hoy me he puesto las pilas. Es curioso, ayer pensaba que en esta ocasión tendría que cancelar la actualización semanal, ya que hoy tengo un día atareado. Pero me he levantado inspirada, y más temprano de lo que tenía planeado, por lo que me he puesto a escribir.
Revisando los 52 retos de LiterUp (antaño conocidos como El Libro del Escritor), he descubierto dos premisas que podrían formar parte de la misma historia, o a mí así me lo ha parecido. De modo que he construido un relato dividido en dos. Para poder cumplir el desafío, no puedo incluir ambas partes en la misma entrada del blog, por lo que aquí os traigo la primera parte, y en la siguiente publicación, la segunda.
El reto para esta primera parte de "El mar" es el 19: "escribe un relato cuyo personaje atormentado solo vea el suicidio como solución".

Los personajes atormentados siempre son una golosina, sobre todo cuando sufren por errores del pasado. Me refiero a la ficción, por supuesto; ni a mi peor enemigo le desearía verse en una situación como esta. Recordad, que esta historia tiene su segunda parte en otra entrada de este blog.
¡Pasen y lean!


HACIA EL MAR
No lo soporta más. Con todo lo que tuvo que hacer para alzar su imperio, y se lo han arrebatado de la forma más cruel; de repente, de forma inesperada, y debido a su propia temeridad en aquella partida de cartas. ¿Cómo es posible que esas pequeñas tarjetas con dibujos y números, en apariencia tan inofensivas, sean capaces de causar tanto daño?
Cuando era joven solo pensaba en crecer, pero no del modo en el que lo entienden la mayoría de los niños. Para ella crecer no significaba ser más alta, más fuerte o más sabia; era alcanzar la oportunidad de dejar atrás su asqueroso barrio, abarrotado de quejumbrosos obreros y niños sucios, todo ello envuelto en un ambiente de podredumbre y pobreza que nunca había soportado.
Hizo lo que fue necesario para conseguir sus objetivos; disimuló su contrariedad al tener que alabar a incompetentes, al agachar la cabeza ante los poderosos, e incluso al traicionar a los suyos.
No se le olvidaba la mirada del que fuera su mejor amigo momentos antes de ser ejecutado. Nunca se ha sentido orgullosa, es un tormento que la tortura desde entonces, por más que se lo haya negado a sí misma durante todo este tiempo. Se ha repetido una y otra vez que no había otra opción, él sabía demasiado sobre su vida, y podía constituir un problema potencial.
Asqueada, se pregunta de qué ha servido todo aquello. Invirtió todos sus esfuerzos en acallar su conciencia, y todo su capital en el entramado de empresas que la catapultaron al lugar exacto donde quería estar: empezaron a invitarla a reuniones y fiestas de élite, figuraba en las listas de revistas económicas, se rodeaba de las personas en teoría más importantes del país.
Todo se había desvanecido, como en un sueño. La culpa era suya y de su casi insolente imprudencia a la hora de apostar. Se ha dejado esquilmar por sus rivales políticos, como una niña a la que le roban su caramelo. Lo peor es que ya no puede considerarlos sus rivales; ha vuelto a ser una diminuta mota de polvo en el camino de esos gigantes sin escrúpulos. Es como cuando era pequeña, con la diferencia de que, entonces, sus familiares y amigos no estaban muertos o encarcelados. Nadie le guardaba rencor ni la odiaba.

Se detiene, cierra los ojos y deja que la brisa marina agite sus cabellos. Tiene ganas de que todo acabe de una vez, de dejar de sufrir. Para eso ha venido. No se preocupa de descalzarse, no le hace falta. Poco a poco, pero sin vacilar, se adentra en el mar nocturno, el cual servirá de descanso a su torturada mente.

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