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sábado, 4 de marzo de 2017

Clichés

¡Feliz sábado!
Decidme, ¿con todo lo que está pasando en el mundo, no os dan ganas de que surja un héroe que venga a salvar a la humanidad (aunque sea de sí misma)?
Sé lo que estáis pensando; vaya idea más estúpida. Qué queréis que os diga; es culpa del reto 35 de El Libro del Escritor: "utiliza tres clichés de la ficción para hacer un escrito con ellos".

No voy a desvelar cuáles son los tres clichés que he utilizado (de hecho, creo que me he entusiasmado y colado más de tres) para no desvelar la trama del relato. Solo quiero pedir disculpas a los que la historia les pueda parecer manida y poco original; lo es. Pero espero que por lo menos os entretenga durante unos minutos.
¡Pasen y lean!

EL MOMENTO CRUCIAL

La batalla se desarrollaba ante él como una película a cámara lenta. La diferencia entre el cine y aquella lucha era que él debía participar en la misma. No tenía alternativa, ya que solo con su intervención podría salvarse el mundo; tampoco quería otra alternativa. Había aceptado su destino tiempo atrás.
Mientras disparaba su arma con certera puntería, recordaba el momento en el que había empezado todo. Había pasado mucho tiempo, ya no quedaba nada de aquel chiquillo tembloroso, pero nunca se olvidaría de él.
Había perdido a sus padres a la edad en la que son más necesarios que nunca. Sobrevivió a duras penas en las calles de la gran ciudad, hasta la oscura noche en la que fue recogido por Maestro. Por aquel entonces, no tenía ni idea de lo que significaban sus palabras; el anciano hablaba de una profecía que auguraba la destrucción del mundo, y de la necesidad de hacerle frente. El niño solo entendía que aquel hombre misterioso estaba dispuesto a mantenerlo, darle cobijo y comida a cambio de que se entrenase. La necesidad era acuciante, por lo que no se lo pensó mucho; estaba dispuesto a todo.
En la casa de Maestro convivían otros niños y niñas, al parecer elegidos al azar. Eran como él, pero a la vez, distintos; él era distinto. No quería serlo, pero no podía evitarlo. Solo había pasado una semana desde su llegada, y ya manejaba a la perfección todo tipo de armas, desde las de fuego hasta las que se usan en combates cuerpo a cuerpo. Un mes después, a base de escuchar y de colarse sin permiso en la biblioteca secreta de Maestro, conocía todas las técnicas militares existentes.
Los demás pequeños se celaban de sus progresos, e intentaban hacerle daño por todos los medios a su alcance. Se dieron cuenta de que las agresiones físicas no funcionaban, ya que nunca lograban tocarlo, y a menudo ellos salían peor parados. Probaron a insultarlo y marginarlo, lo que al principio fue más efectivo; pero, a la larga, le sirvió también como aprendizaje. Se volvió duro, frío y dejaron de importarle las relaciones humanas.
No había transcurrido un año cuando superó a Maestro en batalla. Hubo un antes y un después desde aquel entrenamiento en el que derribó al anciano y amenazó su cuello con el cuchillo. Entonces, con el rostro impasible, Maestro le había pedido que lo acompañase a la biblioteca secreta.

Sintió una presencia tras él. Con la agilidad que lo había caracterizado siempre, se dio la vuelta. Allí estaba Enemigo, el causante de todo: era también el culpable de la muerte de sus padres, lo único que en realidad le importaba. Sin duda, el villano quería terminar el trabajo que había dejado a medias. No iba a ponérselo fácil.

Maestro le había contado todo lo que sabía sobre la profecía, según él, un tema crucial, para él y para todos:
—Ahora estás preparado —había dicho con solemnidad—. ¿Recuerdas lo que te conté al adoptarte?
Hizo memoria.
—Me habló de Enemigo, el usurpador que, según la profecía, intentará destruir el mundo.
—Está camino de lograrlo —matizó Maestro—. Lo que no te conté entonces es que la profecía habla además de la única oportunidad de salvación. Según los vaticinios, un héroe surgirá para defender la vida, y será el único que tendrá posibilidades contra Enemigo.
—¿Un héroe? ¿Qué héroe?
No olvidaría nunca la sonrisa de Maestro.
—El que pueda derrotar a su Maestro tras siete meses de entrenamiento. Enemigo investigó para saber de quién se trataba, y lo atacó cuando aún era débil. Pero el héroe pudo escapar, aunque por desgracia sus padres no tuvieron tanta suerte.
Al comprender lo que le estaba comunicando el anciano, le temblaron las rodillas; pero supo ocultarlo, porque a los héroes de verdad no se les nota cuando tiemblan.
—Haré lo que pueda —prometió.

Allí estaba, en el momento más crucial de la Historia de la humanidad, con el peor homicida frente a él. Alzó su arma con decisión.
—Aquí acaban tus perversiones —gruñó entre dientes. Enemigo lo miró sin pestañear.
—¿No lo oyes? —le preguntó el malvado con tono de sorpresa.
—No intentes despistarme —le advirtió él—. No podrás sobrevivir a mi venganza.
El asesino puso los ojos en blanco.
—El despertador, cazurro. Vas a llegar tarde.

Se despertó con un respingo. En efecto, la alarma resonaba estridente desde su mesilla. La apagó de un manotazo. Al ponerse en pie se enredó en las sábanas, y a punto estuvo de caer de bruces al suelo. Mareado, se vistió a toda velocidad y se dirigió a la cocina.
—Mira que eres desastre. —Fue el saludo de buenos días de su madre—. Vamos, date prisa, que tengo que llevarte al cole antes de mi reunión. Como llegue tarde por tu culpa...
El niño se sentó a la mesa, aún adormilado, y devoró la leche con cereales lo más rápido que pudo. Mientras salía de casa rumbo a la rutina habitual, apurado por su madre, recordó con nostalgia los breves instantes en los que había estado a punto de salvar al mundo.

4 comentarios:

  1. jajajajajajaja, chapeau. Un final genial, para una historia que ni es manida ni poco original.

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    1. Bueno, tanto como genial... es un final que en un relato "normal" nunca usaría porque defrauda al lector (yo, como lectora, odio cuando se sacan lo del "todo fue un sueño de la manga"). Pero me alegro de que te guste. :D

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  2. Ese recurso si se usa mal defrauda al lector, pero bien usado como es este caso, ya que todos de niños soñamos con ser los elegidos para salvar el mundo y además el contrapunto con su torpeza al levantarse es lo que hace que un recurso usado muchas veces quede original. Yo tampoco creo que me prodigue mucho con este final en mis relatos.

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    1. Puede ser... o tal vez porque he usado tantos tópicos que es una parodia de estos, y no choca tanto.

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