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sábado, 18 de febrero de 2017

Feliz no-San Valentín

¡Feliz sábado!
Hoy me da pena no poder asistir a la presentación de Semillas de Bosque, antología en la que participo y que coordina Ignacio Dufour García, amigo y compañero de letras. Es hoy a las 12:00 en la Librería Muga de Madrid, y es conjunta a la de la novela El primer peregrino de Javier Tapia Salas. si alguien puede acercarse que lo haga. No se arrepentirá (y sí, sé que aviso con poco tiempo, mis disculpas por ello).
No hace falta que os recuerde que esta semana ha sido San Valentín, el bombardeo ha sido continuo a lo largo del martes. No es que este hecho me quite el sueño, de hecho no creo que deba haber una fecha específica para demostrar nuestro amor (opino que todos los días deberían estar dedicados al amor, en todas sus formas y no solo el romántico). Pero he querido aprovechar la circunstancia para cumplir con el reto 29 de El libro del Escritor: "escribe una historia de un personaje con miedo al amor".
http://blog.ellibrodelescritor.com/52-retos-de-escritura-para-2017/?utm_content=buffer966d6&utm_medium=social&utm_source=facebook.com&utm_campaign=buffer
Creo que los sentimientos y preocupaciones que describe este texto son bastante comunes en determinadas etapas de la vida. O eso, o yo soy muy rara, lo que no me disgustaría. Lo importante, me parece, es perder el miedo a amar, como dije no solo a tu pareja, sino a familia, amigos, e incluso ciertos desconocidos; porque el amor es lo que hace bonita la vida, ¡demostrémoslo todos los días de la nuestra!
Pasen y lean...

LA CITA

Camino del cine, Cloe meditaba su propósito. No era ninguna cobarde. Solo tenía sus propias ideas, y no iba a renunciar a ellas con facilidad.
Le molestaban ciertos detalles, en su opinión inadmisibles, por parte de sus amigas. En el colegio no había ningún problema entre ellas. Eran inseparables, pasaban juntas casi todas las tardes después de clase. Pero desde la llegada al instituto todo era diferente. Parecía que se hubieran vuelto idiotas de repente.
Solo pensaban en chicos. Incluso las que no flirteaban directamente dejaban escapar risitas tontas cuando un chico guapo les decía algo agradable. Cloe no recordaba la última vez que se habían reunido todas, como antaño. Estaban demasiado ocupadas pensando en sus novios las que lo tenían, y estrategias para conseguirlo las que no.
Pensaba que la situación no podía empeorar, pero se equivocaba. Aquel lunes, cuando entraba en el aula acompañada de dos de sus amigas, Manu se le había acercado. Era el chico más mono de la clase, y le había sugerido ir al cine con él. Solos, pero juntos. Cloe estaba aterrada; pero no quería quedar como una pringada delante de las chicas, y había aceptado. Ver sus expresiones de envidia había resultado de lo más satisfactorio, pero ahora debía enfrentarse a las consecuencias.
No quería acabar como ellas, no estaba dispuesta a dejar todo de lado para pensar solo en un chico. Al recordar lo mal que se había sentido cuando algunas de las de la pandilla se alejaron de ella, se reafirmó en su decisión. No iba a permitir que aquello le pasase a ella. Manu no valía lo mismo que toda una infancia de juegos y confidencias.
La esperaba en una esquina de la calle. Acababa de salir de su clase de música, y aún llevaba la mochila a cuestas. Como ella, Manu revelaba a través de su postura cierta incomodidad. Cloe no le dio importancia; supuso que las citas ponían nervioso a cualquiera, y él no podía saber que su encuentro estaba destinado al fracaso.
Se saludaron con dos besos. El chico olía muy bien, y a pesar de la ropa informal, conservaba cierta elegancia. Cloe ya había pensado lo que le iba a decir para cortar de raíz el problema. Pero de pronto pensó que sería mejor pasar un buen rato en el cine, para que su encuentro no hubiera sido en vano.
No pudo concentrarse ni un segundo en el filme. Cloe no era tan ingenua como para no saber lo que pasaba cuando una joven pareja iba al cine. Lo había sabido por sus amigas, más experimentadas. Estaba segura de que Manu intentaría un acercamiento, pero sus expectativas no se cumplieron. No sabía si sentir rabia o alivio. Por un lado, le facilitaba la tarea de cortar antes de que fuese demasiado tarde; por otro, había contado con vivir una nueva experiencia emocionante y que no implicaba riesgo alguno de comprometerse con Manu. Pero todo se había visto reducido a una tarde de cine como otra cualquiera.
Abandonaron la oscuridad de la sala para salir a la penumbra nocturna. Comentaban detalles intrascendentes de la película que acababan de ver; Cloe se limitaba a asentir y sonreír, en parte porque no había hecho caso del filme, pero también porque buscaba el momento apropiado para confesar sus pensamientos a Manu. No quería hacerle daño. Era un buen chico, muy simpático. Si quisiera estar con alguien, sin duda lo elegiría a él.
Entraron en una cafetería para tomar un chocolate caliente; era lo que más apetecía tras soportar el frío de las calles.
Manu seguía hablando de cine. Comentaba otra película del mismo director que había visto meses atrás. Cloe tomó aire para interrumpirlo:
—Estoy hablando demasiado, y debería ser sincero —dijo de pronto el chico. Cloe soltó de golpe todo el aire, y solo acertó a farfullar:
—¿No has sido sincero?
Manu sonrió, nervioso.
—Bueno, ni sí ni no. Verás, me pareces una chica muy guay, ya sabes... maja, y también guapa. Pero quiero dejar claro que no... bueno, que no busco salir con nadie.
Cloe sintió como unas mil toneladas de aprensión abandonaban su espalda. Se le escapó una carcajada de incredulidad y alivio. Confuso, Manu la miró inquisitivo.
—¿Lo dices en serio?
—Espero que no te moleste —añadió él con rapidez—. Es que no me apetece estar con nadie, ya sabes, como novios. Lo que pasa es que casi todos mis amigos están pensando en chicas, y me retaron a quedar con alguna. Soy un idiota.
Cloe sonrió.
—Un poco, si —asintió, amistosa. A continuación le tendió una mano al chico—. Y no sabes cómo te entiendo, hermano. ¿Amigos?
Manu se relajó, y esbozó a su vez una sonrisa mientras le estrechaba la mano.

—Amigos.




2 comentarios:

  1. Muchas gracias por la mención a Semillas de bosque. En cuanto al relato, simplemente maravilloso.

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    1. Jeje de nada, ¡qué menos! Gracias a ti por el comentario :)

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