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s√°bado, 14 de enero de 2017

Subiendo a la monta√ĪaūüóĽ

¡Feliz s√°bado!
¿C√≥mo llev√°is la vuelta a las rutinas, trabajo, estudios y obligaciones? ¿Y qu√© hay de los prop√≥sitos de a√Īo nuevo, segu√≠s firmes o os hab√©is dejado llevar por viejos h√°bitos? 
Hoy me apetec√≠a explorar un mundo que abandon√© hace mucho tiempo, creado para una historia que nunca escrib√≠, y el cual ni siquiera lleg√≥ a tener nombre. Me di un paseo por su geograf√≠a y quise aprovechar su sistema monta√Īoso para el reto 5 de El Libro del Escritor: ten√≠a que usar la frase "En el oeste se encontraban las ciudades de los muertos" para hacer una composici√≥n creativa.
Lo que he hecho ha sido inventar la leyenda de c√≥mo nacieron las monta√Īas de ese mundo sin nombre. Qui√©n sabe, tal vez en un futuro me anime a escribir aquella historia que nunca sali√≥ de mis teclas. Por el momento,
¡pasen y lean!

EL ORIGEN DE LA CORDILLERA INFINITA

En el oeste se encontraban las ciudades de los muertos; en el este, los bosques de los vivos. Al norte y al sur estaban las aldeas de los inmortales. Y justo en el centro del mundo, una monta√Īa gigantesca, de cumbre tan inaccesible que todos quer√≠an alcanzarla. Cada a√Īo llegaban miles de personas de oriente con intenci√≥n de conquistarla; todos ellos fallec√≠an y reaparec√≠an en occidente. Nadie hab√≠a logrado nunca siquiera llegar a la mitad del largo y escarpado camino.
La monta√Īa no pod√≠a soportar aquellas p√©rdidas. D√≠a tras d√≠a ve√≠a perecer a los aguerridos aventureros con la horrible certeza de que era su culpa.
No hab√≠a crecido tanto con intenci√≥n de hacer da√Īo a nadie. Era su naturaleza, igual que sus afilados acantilados o su resbaladiza superficie. No pod√≠a cambiar. Sin embargo, se sent√≠a responsable de lo que les ocurr√≠a a los que pisaban su suelo.
Probó de todo para disuadir a los visitantes. Envió manadas de lobos, pero los humanos los mataban sin miramientos. Probó a desviar los caminos que la rodeaban, pero ellos se abrían paso hasta su falda. Solo le quedaba una idea que llevar a cabo.
Era una locura, un plan ins√≥lito y arriesgado; ninguna monta√Īa se hab√≠a atrevido jam√°s a intentar nada parecido. Pero ninguna otra hab√≠a tenido que soportar tanto sufrimiento, viajeros malheridos, sedientos y desnutridos, congelados y despe√Īados. No sab√≠a ni c√≥mo lo har√≠a, ni si saldr√≠a bien. Tal vez solo fuese un proyecto absurdo que solo empeorar√≠a las cosas.
Tard√≥ mucho en decidirse. En tiempo de monta√Īa, unos minutos son varios siglos humanos. Mucha gente pereci√≥ en aquel intervalo, breve para ella pero extenso para los dem√°s. Las dolorosas muertes de aquellas personas la ayudaron a entrar en acci√≥n y arriesgarse.
Con dificultad y lentitud, ya que ninguna monta√Īa hab√≠a hecho nunca aquello, se levant√≥. Su movimiento provoc√≥ que los que se encontraban en aquel momento en plena escalada se precipitasen al vac√≠o. Era el mal menor; la monta√Īa opinaba que cien muertes eran mejor opci√≥n que cientos de miles de millones multiplicadas por infinito.
Ech√≥ a andar hacia el norte ante las at√≥nitas miradas de vivos, muertos e inmortales. Estos √ļltimos hab√≠an visto muchas cosas, pero nunca una monta√Īa con sentimientos capaz de abandonar su lecho para salvar a los vivos. Todos se preguntaban qu√© pasa cuando una monta√Īa se levanta, y tuvieron oportunidad de comprobarlo.
Las monta√Īas no han nacido para caminar, y aquella no era una excepci√≥n. Tras dar unos pasos vacilantes, con los que dio un par de vueltas al mundo, se desplom√≥ a lo largo del mismo. Tan alta era la monta√Īa que con su figura, ahora horizontal, rode√≥ doce veces el mundo, como una serpiente se enrosca a un tronco. Ya no pudo volver a moverse, y se convirti√≥ en lo que hoy conocemos como la Cordillera Infinita.

Conmovidos, vivos, muertos en inmortales acudieron al lado de la gentil monta√Īa. Lloraron lo que ella ya no volver√≠a a llorar por los muertos que su inalcanzable altura causaba. Todos estuvieron de acuerdo en que nunca, en ning√ļn mundo, hab√≠a existido una monta√Īa tan alta y bondadosa. Juraron proteger lo que de ella quedaba, ya fuese al este, oeste, norte o sur. Aquella superficie rocosa, que se extend√≠a por todo el mundo, ser√≠a desde entonces territorio de paz y seguridad, y todo el que posase sus pies sobre ella estar√≠a a salvo, y, del mismo modo, obligado a respetar esa armon√≠a por encima de todo.

4 comentarios:

  1. ¡Hola!
    Dios m√≠o te animo MUCH√ćSIMO a que retomes esa historia sin escribir porque si tiene algo que ver con este relato va a ser espectacular, estoy segura *-* Me ha parecido s√ļper original y s√ļper bonito y me ha mantenido enganchada todo el rato. En serio es que me ha gustado un mont√≥n jaja Estoy deseando seguir ley√©ndote con los pr√≥ximos retos. ¡Besitos son√°mbulos! ★ūüĆô

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    1. ¡Muchas gracias, A√≠da! Vaya comentario m√°s estimulante ūüėä. La verdad es que si me animo a√ļn quedar√≠a mucho por desarrollar, aunque nunca se sabe

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  2. Me ha encantado la idea de la monta√Īa que intenta evitar m√°s muertes por escalarla. Estoy con A√≠da, tienes que retomar esa novela.

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    1. Jaja, gracias, Ignacio. Lo que le dije a ella, habr√° que ver si en un futuro la retomo, de momento no est√° en mis planes, pero no lo descarto.

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