"

sábado, 21 de enero de 2017

Motivación epistolar

¡Feliz sábado!
A partir de ahora, escribiré desde los helados paisajes de Bélgica, que espero que con el paso de los meses dejen de estar helados. Pronto empezaré a trabajar hasta julio en una asociación de la ciudad de Gante, pero desciudad; no dejaré que el ajetreo diario me impida seguir creando y compartiendo mis historias con vosotros.
El reto de El Libro del Escritor que he elegido para hoy es el 39: "Desarrolla un relato en forma de carta".
Me he decantado por una típica carta de motivación, ésa que todos hemos redactado con más o menos frecuencia a la hora de buscar un trabajo. ¿Qué mejor forma de hablar de uno mismo?
¡Pasen y lean!

LA CARTA DE MOTIVACIÓN

Estimado señor Teren:

Mi nombre es Fandra Gomew, y solicito la plaza en su empresa anunciada en la Gaceta Sobrenatural. Mis habilidades y logros en el campo de la hechicería están de sobra citadas en los documentos que adjunto: la carta procedente de mi universidad, y la recomendación del rey de Prosperidad. De todos modos, quisiera asegurarme de que mi indudable superioridad con respecto a otros posibles candidatos no pueda ser cuestionada. Para ello, procederé a relatarles por qué sé que merezco ser obsequiada con dicho puesto.
Procedo de una pequeña aldea ignota. Allí la gente es tan pobre que se ve obligada a comer las sobras que las ratas se dignan a dejarles, y a beber de las ponzoñosas aguas del río Malgusto. De entre tanta miseria, mis padres eran los más humildes y, si he de ser sincera, los más bobalicones. Para nosotros nunca había nada; los escasos recursos eran acaparados por nuestros vecinos,  más rápidos, listos y feroces. Eran los primeros en conseguir sustento, y nosotros nos conformábamos con lo peor.
Por suerte, yo no me parezco a mis padres. Mi ambición quedó demostrada cuando, al cumplir once años, conjuré al río y ahogué a la mitad de mis convecinos. Algunos os dirán que fue un acto cruel e inhumano, pero no nos engañemos; hace falta temple y sangre fría para llevar a cabo semejante iniciativa, además, por supuesto, de un dominio absoluto sobre las leyes de la naturaleza. Yo poseo todas estas habilidades. La Universidad de Prosperidad supo apreciar mis cualidades, tanto mágicas como de carácter, y me ofrecieron una beca para estudiar en su centro de Hechicería. Este hecho queda reflejado en la carta adjunta, por lo que verán que no miento; si bien las razones que ellos citan para mi aceptación son el temor a mis inclinaciones homicidas y las supuestas amenazas por mi parte, no debe dar crédito. Los catedráticos gustan de la exageración y la hipérbole.
Durante mis años en la universidad, todos mis compañeros me querían. Me acompañaban a donde yo les exigía que viniesen, hacían lo que les ordenaba, y siempre me reían las gracias. Con ello se demuestra mi capacidad de liderazgo. Cuando me gradué, la dinámica no cambió. Me instalé en la ciudad de Prosperidad, y todos los habitantes se desvivían por agradarme. No tiene nada que ver el hecho de que supieran lo que les había sucedido a mis anteriores vecinos; me respetaban por mi indudable carisma.
Aunque me brindaban lo mejor que podían conseguir, no era suficiente; ya he dejado claro que soy una persona ambiciosa, por lo que sometí a la ciudad al asedio de las llamas. Tanto chillaban y suplicaban, que hice gala de mi generosidad y les ofrecí una salida a su desgracia. Les prometí la salvación si me nombraban su reina. Así fue cómo me hice con el dominio de la ciudad más poderosa del mundo.
Soy una persona con muchas inquietudes, y pronto me cansé de Prosperidad; ser reina no es tan divertido como pueda parecer. Le cedí el trono a uno de mis muchos amantes y volví a una vida cómoda pero más humilde. Me conformé con tres casas, cinco coches y diez piscinas.
A estas alturas, usted se preguntará por qué una persona como yo, tan buena, poderosa, brillante y, por qué no decirlo, atractiva se ha fijado en su empresa. Le seré sincera; a causa de mis peripecias me gané muchas envidias. La gente no soporta el éxito ajeno, y menos cuando es merecido, como en mi caso. Me han insultado de todas las formas imaginables, pero son todo falsedades. No soy ni tirana, ni asesina, ni nada parecido. Sin embargo, ya sabe cómo funcionan estas cosas. Mis enemigos conspiran para que no pueda ganarme la vida de forma honrada con mi explotación de calaveras infantiles. Han conseguido que un tribunal la cierre tras alegar no sé qué barbaridad sobre derechos humanos. Fíjese qué injusticia; he tenido que vender una de mis casas, imagínese en qué situación desesperada me hallo.
Es por esto que recurro a usted. Su empresa no es digna de mí, pero no me queda más remedio que rebajarme a su nivel.
Sé que le he convencido, de modo que nos veremos el próximo lunes en la oficina.
Atentamente,

Fandra Gomew


2 comentarios:

  1. No podía ser más genial. Quiero conocer más aventuras de Fandra Gomew.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Veremos... Puede que reaparezca. Tiene muy mala leche, pero puede ser muy divertida. ☺️

      Eliminar