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sábado, 3 de diciembre de 2016

Cuánto tiempo sin dormir

¡Feliz sábado!
Tras un agotador noviembre dedicada al NaNoWriMo, del que hablaré más adelante, y recién llegada de un viaje durante el cual no he dormido demasiado (ni falta que me hizo), he decidido traeros un "relato sobre un personaje que lleva más de una semana sin dormir", tal y como especifica el reto 48 de El Libro del Escritor:
http://blog.ellibrodelescritor.com/52-retos-de-escritura/
¡Pasen y lean!

EL MONSTRUO
Etamin avanza temeroso por la cueva oscura. El pánico lo atenaza, lo paraliza. Sabe que está ahí, lo ha oído. Puede imaginarse el aspecto del monstruo; regresan a su mente todas las historias que le contaban de pequeño. Relatos de cruentas batallas entre humanos y dragones, leyendas basadas en aquella guerra eterna de su pueblo contra los poderosos invasores sin escrúpulos.
Etamin no tiene salvación. No es lo bastante fuerte, ese ser infernal lo abrasará sin piedad, lo convertirá en cenizas en cuanto lo encuentre. Jamás se ha visto frente a uno de ellos, pero no le hace falta; percibe su olor hediondo. Puede imaginarse sus ágiles extremidades, su cuerpo preparado para matar, su feo rostro con su expresión malévola, ávida de sangre y destrucción. Así se lo han relatado, y así lo ha formado su propia imaginación. Han pasado casi ocho días desde que notó su presencia en el interior de esa inmensa caverna, y no ha pegado ojo desde entonces. Ha oído lo traicioneras que pueden ser esas bestias. No se atreve a bajar la guardia, permanece alerta aunque todo su ser desfallezca de cansancio.
A sus padres los mataron esas criaturas a sangre fría. Solo porque, al parecer, habían invadido sin querer sus territorios; al menos eso es lo que le han contado desde siempre.
Ahora podría vengarse. Pero el corazón quiere reventarle el pecho. Lo único que desea es tragarse su rencor y salir de ahí sin hacer ruido, antes de que esa máquina de matar lo descubra. Intenta evitar el encuentro y localizar la salida.
Etamin no tiene suerte. El desconocido lo ha sentido. Se acerca sigiloso, y realiza un movimiento repentino. Etamin se gira sorprendido en el momento en el que un potente rayo mágico lo golpea en el cráneo.
El joven dragón cae fulminado en el acto. El mago humano que lo ha atacado contempla el inmenso cuerpo inerte. Suspira de alivio al comprender que lo ha matado.
Se decide a aproximarse. Estudia con cierto pasmo la expresión asustada de la criatura; casi podría parecer que el dragón tenía sentimientos. Lo ha matado para evitar ser devorado por él. Sin embargo, tiene la impresión de que la criatura lo temía a él, un mago insignificante, incluso más de lo que él temía al dragón.
Sacude la cabeza. Se regaña a sí mismo por pensar tonterías. Esos monstruos no sienten más que odio, crueldad y deseos de matar. Nunca había conocido a uno, pero le bastaba con las historias que otros contaban para saberlo. Los dragones habían devorado a su familia, o eso le habían contado en el pueblo. Todos los odiaban, debía ser por algo.



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