"

jueves, 29 de diciembre de 2016

Guerreando

¡Feliz jueves!
Queda poquito de 2016, y parece mentira que hace menos de un año estuviese apuntándome al reto de El Libro del Escritor. Llegué tarde, y dudaba de mi capacidad para lograrlo. Sin embargo, aquí estoy, a punto de completarlo con el último de los 52 relatos: el 27, "escribe una escena de lucha y/o mucha acción".
http://blog.ellibrodelescritor.com/52-retos-de-escritura/
Para este último desafío he regresado al que fue el mundo de mi primer NaNoWriMo, ya que fue por aquel entonces cuando oí hablar por primera vez de ELDE. Me apetecía recordar a aquellos personajes que me acompañan desde noviembre de 2015. La novela "La Guerra Súcrea" está en un cajón, a la espera de su enésima corrección. Espero que, tarde o temprano, vea la luz. De momento, tendréis que conformaros con este texto, que describe uno de los momentos cruciales citados en el manuscrito.
¡Pasen y lean!

SEXTA BATALLA SÚCREA
Desde el interior de la base, Revih escuchaba aterrado. Era un soldado incompetente y consciente de su inutilidad. No le gustaban las peleas, no quería dejarse matar por su planeta. Le importaba poco la posible conquista por parte de sus enemigos, los ramekitas. Si formaba parte del ejército era porque todos los raleshianos estaban obligados a servir a su patria, aunque estuviesen dispuestos a venderla al mejor postor a cambio de unas vacaciones.
Un nuevo estallido interrumpió sus reflexiones y lo devolvió a la realidad. Estaban bajo asedio. En el tejado de la base, sus compañeros más valientes hacían frente al ejército ramekita, capitaneado por Nefni, el soldado enemigo más despiadado, el que más vidas raleshianas se había cobrado. Solo el hecho de tenerlo cerca le causaba un espanto indecible. Revih se escondió tras uno de los paneles de control a tiempo para evitar que dos combatientes le cayesen encima.
Habían atravesado el techo, y los escombros habían levantado una espesa polvareda que no parecía preocupar a los combatientes. Estaban ocupados en mantener a raya al rival. Nefni y el líder raleshiano, Ladan, estaban enzarzados en un combate cuerpo a cuerpo del que era difícil distinguir a quién pertenecía cada extremidad. Intentaban inmovilizarse el uno al otro, se golpeaban y mordían. Revih tragó saliva, sin saber qué hacer. Su deber era salir a ayudar a Ladan. Pero tenía demasiado miedo. Se preguntó por qué los demás soldados no acudían a ayudar a sus líderes. Conocía a los demás raleshianos; no había más cobardes como él, todos estaban dispuestos a dar su vida por la lucha. Solo había un motivo que explicase su ausencia.
Todos habían caído en combate. Ladan solo podía contar con él.
Contempló a los dos enemigos. Ladan se las había arreglado para hacer una llave a Nefni, pero éste se zafó con agilidad y le propinó un puñetazo en el costado. Ladan gimió de dolor. Retrocedió, y al instante volvió al ataque con una mal disimulada expresión de sufrimiento. Seguro que estaba herido. Revih se sintió culpable por su cobardía. Pero siguió sin moverse para ayudar a su compañero.
Nefni sorteó la embestida, agarró a Ladan por los hombros y lo arrojó contra la pared. Se abalanzó sobre él y empezó a golpearlo una y otra vez en la cabeza. Revih quiso moverse, pero su cuerpo no le respondía.
Tras lo que le pareció una eternidad, Nefni se incorporó. El cuerpo de Ladan resbaló cuando lo soltó. El ramekita emitió un suspiro de cansancio. Estudió con su fría mirada la estancia. Revih se encogió como pudo en su escondite. Ya era demasiado tarde. Salir era sinónimo de suicidio. Por otro lado, quedarse donde estaba también lo era. En su planeta, los desertores eran castigados con dureza. Revih pensó que prefería morir a manos de los suyos, y no de un enemigo como Nefni.
El ramekita pareció convencerse de que había terminado con todos sus enemigos. Jadeaba. Debía estar malherido tras el intenso combate. Activó el propulsor de su uniforme y desapareció por el agujero del techo. Revih comprendió que regresaba a su planeta para recuperarse del combate.
Esperó algunos minutos más para asegurarse de que no se trataba de ninguna trampa, y abandonó su escondite. Corrió al lado del cuerpo de Ladan, entre lágrimas. Iba a echarlo de menos.
En el instante en el que se dio cuenta de que aún conservaba una débil respiración, se abrió la puerta. Tras la batalla, el rey Talakpan había abandonado su búnker tras la batalla. Al ver a Revih de rodillas al lado de su compañero caído, sus ojos se agrandaron por la sorpresa.
—¡Vaya! Esto sí que es inesperado.
El soldado no entendía nada.
—¿Señor?
Con una carcajada, el monarca le palmeó la espalda.
—Vamos, he visto por los paneles cómo ese infame de Nefni escapaba como una rata. ¡Te has enfrentado a él para salvar a Ladan!
—El caso es que... —Revih se interrumpió. ¿Qué estaba haciendo? Confesar la verdad suponía la muerte. Nadie sabría nunca lo que había pasado, el único testigo era su mayor enemigo—. No fue nada, señor. Solo cumplía con mi deber.
El rey comenzó a elogiar su humildad y su coraje, pero Revih apenas escuchaba. Con una sonrisa incómoda, pensaba en lo fácil que había sido su vida hasta ese momento. Solo había tenido que intentar sobrevivir en un ejército que no le importaba. A partir de ese momento, tendría que hacer lo mismo como un héroe de guerra.
«Solo espero que Nefni no pueda contar nunca la verdad», se dijo. Una molesta sensación auguraba lo contrario, por lo que se corrigió a sí mismo. «Al menos, que cuando lo haga, yo me encuentre lejos. Tal vez, en mi viaje de vacaciones».

6 comentarios:

  1. Bonita historia. Me surge una duda ¿no hay un cambio en un punto del texto de Ladan por Nefni?
    Esperando ansioso leer la novela a la que corresponde este fragmento, promete mucho.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es verdad, es que al principio me confundí. Ya lo corregí, creo que ya tiene sentido

      Eliminar
  2. ;-) Sí ahora es una historia más normal. Esta errata me ha recordado una de mi historia de Crímenes Callejeros, el notario cambia de nombre en mitad de la historia y ya ha salido a imprenta.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¿Sí? Aún no leí casi nada de Crímenes, estoy por los de Ulises todavía. Pero bueno, es lo que pasa por escribir a altas horas de la noche, después de un día agotador... Nos equivocamos, hasta en algo tan importante como los nombres.

      Eliminar
    2. Sí, hay una t que aparece y desaparece del nombre del notario. A veces por mucho que lo revises no lo ves. Yo me di cuenta pasado un tiempo cuando empecé a preparar una historia ambientada en el mismo universo.

      Eliminar
    3. Bueno, una t más o menos no es tan grave, era peor lo mío... Habrá que esperar que Playa de Ákaba saque segunda edición, entonces ;)

      Eliminar