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lunes, 31 de octubre de 2016

This is Sama√≠n ūüĎĽ

¡Feliz lunes y feliz Halloween!
Despu√©s de una semana de preparaci√≥n del NaNoWriMo (ese reto del que os habl√© que consiste en crear una novela de 50000 palabras en un mes, noviembre) he llegado a la conclusi√≥n de que hoy es un d√≠a aterrador; no porque sea Halloween, sino porque ma√Īana empieza el mes de escritura maratoniana. El a√Īo pasado lo consegu√≠, espero que este a√Īo no sea menos.
Como promet√≠ en el anterior post, no voy a dejar el blog de lado. Me vendr√° bien dedicarme a los relatos de vez en cuando para desconectar de la historia de mi novela. Adem√°s, a√ļn tengo bastantes retos de El libro del Escritor pendientes...
http://blog.ellibrodelescritor.com/52-retos-de-escritura/
Hoy me he dedicado al reto 12: escribir "una historia sobre un personaje que est√° viviendo tu festividad favorita". A m√≠ me gustan casi todas las fiestas, cuando implican pasarlo bien y salir de la rutina. Pero desde peque√Īa siento predilecci√≥n por Halloween, tal vez por lo divertido que es pasar un poco de miedo de vez en cuando. Aqu√≠ la tradici√≥n celta era la del Sama√≠n, que tambi√©n se celebraba por estas fechas. Coincid√≠a con el fin de la temporada de cosecha, debido a la reducci√≥n de las horas de luz. Seg√ļn los celtas, en Sama√≠n el mundo de los muertos se acercaba al de los vivos, y algunos esp√≠ritus consegu√≠an traspasar las fronteras entre ambos.
Después de esta breve curiosidad, os dejo con el relato.
¡Pasen y lean... si se atreven!


VENGANZA EN SAMA√ćN
Cuando llevas un siglo bajo tierra lo √ļnico que quieres es salir a tomar el aire. Si adem√°s tienes una cuenta pendiente con los vivos, las ganas se hacen insoportables.
Dami√°n no olvidaba su vergonzosa muerte. Hab√≠a sido uno de los asesinos m√°s temidos de su √©poca. Contaba con muchos aliados, y a√ļn m√°s enemigos. Ten√≠a fama de ser muy astuto, y sin embargo no hab√≠a visto venir la traici√≥n de uno de sus m√°s cercanos compa√Īeros. Lo entreg√≥ como mercanc√≠a al bando rival, y lo colgaron como a un perro rabioso. Rabioso se sinti√≥ entonces, y fue peor cuando lleg√≥ al m√°s all√° y se enter√≥ de cu√°les eran las normas.
Solo podr√≠a volver al mundo de los vivos pasados cien a√Īos desde el momento de su muerte, y lo har√≠a durante unas pocas horas, en la noche de Sama√≠n.
Tuvo que armarse de paciencia. No desaprovech√≥ el tiempo. Tom√≥ clases de lucha cuerpo a cuerpo, de desmembramiento y desentra√Īamiento de humanoides, y tambi√©n de desangramiento. Se apuntaba a todo lo que tuviese que ver con provocar muertes horribles. En el m√°s all√° existen muchos talleres de ese tipo para esp√≠ritus rencorosos.
Contact√≥ con sus viejos amigos, muchos de los cuales hab√≠an sido entregados para su ejecuci√≥n a lo largo de aquel a√Īo fat√≠dico. La mayor√≠a estaban de acuerdo con Dami√°n, era necesario preparar una venganza √©pica.
Por fin lleg√≥ la noche se√Īalada. Cuando el reloj del ayuntamiento marc√≥ las 00:00, los vigilantes del m√°s all√° permitieron que Dami√°n y sus tres sicarios regresasen al mundo de los vivos. Los cad√°veres se abrieron camino para emerger de la tierra que los hab√≠a cubierto a lo largo del siglo.
Caminaron calle abajo, ululantes y excitados. Casi hab√≠an olvidado lo bien que sentaba el fr√≠o viento oto√Īal en la cara, la llovizna sobre su piel putrefacta, o el ulular de los b√ļhos en la noche sin luna.
Las calles estaban vac√≠as. Dami√°n se pregunt√≥ d√≥nde estaba todo el mundo. La ciudad tampoco parec√≠a la misma. Supuso que era normal, hab√≠a transcurrido un siglo desde la √ļltima vez que la hab√≠a visto. Lo raro habr√≠a sido que siguiese igual.
Agradeció haber preguntado dónde vivían sus víctimas antes de salir del más allá. Los descendientes del traidor no podían vivir en el mismo sitio, ya que su vieja casa había sido sustituida por un colosal centro comercial. Tampoco allí había gente.
Llegaron por fin al nuevo hogar de la familia de su enemigo, en un edificio de doce pisos. A Dami√°n le parec√≠a una locura compartir vivienda con tantos vecinos. Se sinti√≥ afortunado por haber muerto antes de la llegada de unos tiempos tan extra√Īos.
Subieron tambaleantes en el ascensor, hasta el cuarto piso. Allí, sin miramientos, tiraron abajo la puerta indicada.
Les respondió un silencio solo roto por voces electrónicas. Damián no sabía de qué podía tratarse. Entraron al salón. Allí encontraron una escena de lo más pintoresca. Los abuelos miraban a una pantalla en la que se veía una mesa redonda y muchas personas alrededor que discutían. Un poco más allá, los nietos miraban otra pantalla en la que unos monstruos destruían edificios. Desde otra habitación llegaba un sonido similar, debían ser los padres con su respectivo aparato.
Ninguno de los vivos se dign√≥ a mirar a los reci√©n llegados. Pendientes de sus pantallas, de vez en cuando la abuela lanzaba una exclamaci√≥n indignada, o el hermano mayor se re√≠a con maldad. Los compa√Īeros de Dami√°n se acercaron con curiosidad para estudiar aquellos objetos, que les parec√≠an de ciencia ficci√≥n. Eran cuadros en movimiento, algo impensable en su √©poca.
Los inst√≥ a que lo ayudasen, pero los tres se hab√≠an acomodado en el sof√°, al lado de los abuelos. Dami√°n se resign√≥ a llevar a cabo todo el trabajo sucio. Se acerc√≥ al rinc√≥n en el que se encontraban los ni√Īos.
—¿Hab√©is bajado la basura? —pregunt√≥ desde otra habitaci√≥n una voz de mujer— ¡La casa apesta!
Damián se sobresaltó. Debía ser la tataranieta del traidor. Tal vez sería mejor empezar por ella. Se volvió hacia la puerta que daba al pasillo.
Una ni√Īa respondi√≥ a voz en grito:
—Espera a que acabe el cap√≠tulo.
—¡Ahora!
Damián sintió que seis ojos se clavaban en él.
—Ostras, un muerto.
—Mirad, all√≠ hay tres m√°s. ¡Con raz√≥n huele tan mal!
—¡A por ellos!
Dami√°n sinti√≥ que seis manos infantiles lo agarraban sin miramientos, entre carcajadas, y lo golpeaban hasta tumbarlo. Los abuelos pidieron silencio desde el sof√°, sin apartar la vista de la pantalla. Sinti√≥ miedo. Aquellos ni√Īos no ten√≠an piedad. Eran muchos, y quer√≠an acabar cuanto antes la tarea para volver a su lugar frente a la pantalla. Se las arreglaron para inmovilizarlo y lo arrastraron hasta la calle. Dami√°n intent√≥ protestar, pero ellos no le hac√≠an caso.
Se vio arrojado en el cubo de basura de la calle. Se debatió para salir, pero era demasiado lento. Un camión se acercó implacable, y vació todo el contenido en su interior, Damián incluído. Perdió el conocimiento.
Despert√≥ aturdido, e intent√≥ situarse. Se encontraba en medio de una monta√Īa de basura. A lo lejos distingui√≥ la ciudad. Se puso en pie con esfuerzo, decidido a llegar a su destino.
Descendió con dificultad, y cuando sus pies mugrientos tocaron el suelo, sintió que el mundo era más luminoso. Notó que el más allá lo llamaba.
La noche de Sama√≠n tocaba a su fin. Tendr√≠a que esperar y prepararse otros cien a√Īos. Dami√°n comprob√≥ que se sent√≠a aliviado. Tal vez dentro de otro siglo, la gente fuese m√°s pac√≠fica y podr√≠a vengarse a gusto. Pero en aquel momento, prefer√≠a quedarse entre los muertos antes que arriesgarse a ser vapuleado por un grupo de ni√Īos sin escr√ļpulos.



4 comentarios:

  1. Jajajajajajaj. tiempos modernos! Me ha gustado mucho la historia. Si es que ya no se respeta nada, ni a los muertos vivientes, jajajajajja

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    1. ¡Gracias! Maldita juventud de hoy en d√≠a jejeje

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  2. La le√≠ ayer en el m√≥vil volviendo de la fiesta de Halloween de Playa de √Ākaba y me encant√≥. El final es maravilloso.

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    1. ¡Muchas gracias, Ignacio! Jo, qu√© pena me da no haber podido ir a la fiesta, seguro que estuvo genial

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