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lunes, 10 de octubre de 2016

Se acerca el Getafe Negro

¡Feliz lunes!
Hoy traigo una novedad importante, sobre todo para los que estéis por Madrid y cercanías: esta semana empieza el Getafe Negro de novela policíaca. Además de asistir a diferentes eventos como lectora, he confirmado que iré a las presentaciones de antologías de Playa de Ákaba en las que participo. De modo que nos vemos el día 15 y el 20 en los diferentes espacios del festival. ¡Será espectacular, ya veréis!













Para no faltar a la costumbre, traigo un relato que cumple uno de los retos de El Libro del Escritor: el 49, que dice que escriba "un relato sobre una novia que tiene dudas antes de su boda. Describe la tarta y los invitados".
Creo que la perspectiva del Getafe Negro en mi mente ha influido en la creación de este relato. De lo que estoy segura es de que la he hecho a mi manera. Espero que la disfrutéis.

HASTA QUE LA MUERTE OS SEPARE
»»»VANE
Lo primero que había pensado Vane al ver la fotografía era que la tarta parecía un sombrero de elefante, de uno muy cursi: enorme y rosa, con coberturas y filigranas de mil colores diferentes, y en la cima, dos figuritas que representaban a las enamoradas. La horrorizaba, pero qué más daba. A Montse le había gustado, no pondría pegas. Lo que fuese, con tal de no tener que elegir. No se le daban bien las decisiones; ni las de postres, ni las de pareja.
«Para» se dijo «, deja de pensar así. Es la mujer de tu vida.»
Pero sabía que no era así.
Cuando Montse le había sugerido que se casasen había aceptado por dos motivos: parecía el paso evidente a dar en su relación, y no quería decepcionarla. En aquel momento había pensado que deseaba contraer matrimonio. Pero conforme se acercaba la fecha, lo iba teniendo menos claro. Pensaba en todos los proyectos y sueños que tenía cuando era más joven. Ninguno implicaba un compromiso. La Vane adolescente quería viajar y ver mundo, algo que sabía que a Montse no le interesaba lo más mínimo. Su prometida quería adoptar uno o dos críos que, estaba segura, apestarían y no pararían de llorar y ocuparían todo su tiempo. En adelante podía dar por perdido su espacio.
Ni siquiera le apetecía ir a la ceremonia. El que debía ser el día más feliz de sus vidas no las acompañarían las personas que más quería. Ni sus padres ni su hermano aceptaban su relación con Montse, y mucho menos que pensasen en formalizarla. Por su parte solo asistiría Sergio, el que había sido su primer amor adolescente, y que, tras la decepción inicial, había llegado a ser su mejor amigo. Lo quería como a un hermano, era la persona más leal y cariñosa que conocía.
Por parte de Montse irían un par de amigos que no le caían nada bien, siempre con sus chistes malos y sus discusiones de política. También contaban con la presencia de su madre, aquella vieja criticona y metomentodo que detestaba a Vane. El sentimiento era mutuo, aunque la joven intentaba disimularlo. Qué remedio; aquella vieja bruja iba a convertirse en su suegra.
Decidió mantener un pensamiento positivo. No sería fácil, pero debía intentarlo. Lo haría por Montse. Lo único que tenía claro Vane era que la amaba y quería que fuera feliz. Todo lo demás debía darle igual. Hizo un esfuerzo por convencerse de que su vida en común sería lo mejor para ambas. Hasta que la muerte las separase.
»»»MONTSE
Qué ganas tengo de que vuelva Vane de Madrid. Desde que nos prometimos, siento que vivo en una nube. El mundo parece más colorido, la gente más amable, todo es armonía y felicidad. Espero que cuando nos hayamos casado se mantiene así de colorido, debe doler perder esta alegría.
Ya he empezado a preparar la mudanza. Dejaré la casa de mi madre en Barcelona para ir con ella a Madrid. ¡Qué ganas tengo! Pienso en lo sola que se debe de sentir en ese piso tan vacío. Por suerte, pronto estaremos juntas.
He ido a la finca a buscar fresas frescas. Es su fruta favorita, sé que le gustará que le lleve una caja bien llena. De vuelta, la he llamado para concretar el día de mi llegada. No me ha cogido el teléfono, debía estar ocupada.

Ha pasado un día, y sigo sin saber nada de Vane. Es raro. Nunca había estado tanto tiempo sin tener noticias suyas, ni siquiera cuando empezamos a salir, hace tres años. Le he preguntado a mi madre; dice que no sea pesada, que estará trabajando. No sé por qué Vane cree que le cae mal, si siempre la está defendiendo.

No quiero entrar en la cocina. Intento no pensar mucho en Vane, y las fresas que recogí no ayudan. Se están estropeando, lo que me parece un reflejo de cómo me siento con respecto a ella.
Hace ya dos días que no me coge el teléfono. Diga lo que diga mi madre, no es normal. Lo peor de todo es que no sé cómo contactar con ella. No se habla con su familia. Solo conozco a su amigo Sergio, y me niego a hablar con él. Estoy segura de que aún siente algo por Vane. No puedo llamar preguntando por ella, sería demasiado humillante.

Mi madre quiere que tire las fresas. Su aspecto es repugnante, pero yo me resisto. Es un símbolo. Son un regalo para Vane, si me deshago de ellas, será como echar a perder nuestro compromiso.
Me he pasado la noche llamando. Nada, no hay manera. No lo entiendo. ¿Ya no quiere saber nada de mí? Tiene que ser eso. Fui yo la que le pidió que nos casásemos. Ella siempre ha sido más independiente que yo, no le gustan los compromisos. Recuerdo que no le gustaba nada la idea de tener hijos, y sabe que es mi mayor sueño.
Seguro que por eso no responde. No quiere que nos casemos, y no se atreve a decírmelo.
No pensaba que fuese tan cobarde. Tenemos que hablar, no aguanto ni un minuto más la incertidumbre.
Cojo el teléfono y marco su número de forma automática. Ya no espero respuesta, lo hago por no estar quieta dando vueltas al problema.
Por eso me sorprendo al escuchar una voz al otro lado:
—¿Diga?
Es una mujer. Pero no es Vane. Casi puedo imaginar mi corazón roto que se deshace en mi pecho. Cuelgo y arrojo el teléfono con rabia contra la pared. Traidora, falsa. Le ha faltado tiempo para engañarme con otra. Está tan podrida como esas fresas de la cocina.
»»»EPÍLOGO
La agente contempla atónita el teléfono. La chica que llamaba ha colgado de repente sin ni siquiera decir quién era. Intenta devolver la llamada, pero parece haber problemas en la línea.
Niega ante la mirada inquisitiva de su compañero. Ambos se vuelven hacia el cuerpo que ha sido encontrado de casualidad. El agua de la bañera ha hecho efecto durante demasiados días, y ya no conserva nada de su juvenil belleza. Vanesa González parece más una masa informe y maloliente que una persona. No va a ser fácil descubrir cómo murió.

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