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lunes, 24 de octubre de 2016

Escapando con estilo 🏃

Buenos días, gente lectora.
Y feliz Día de las Bibliotecas. Pasaos por alguna, la mayoría organizan actividades y tal vez incluso regalen libros. Yo misma visitaré la que tengo más cerca a llevarme un buen cargamento. Hay que aprovisionarse para la época del NaNoWriMo, que está al caer...
Sé lo que pensáis: ¿dos días seguidos de actualización del blog? Seguro que no me esperabais tan pronto. La razón es que aún me faltan bastantes puntos del reto de El Libro del Escritor que completar, y quiero superarlos todos. ¡Voy a hacerlo!
Al enterarme de que hoy estrenan el remake de la serie MacGyver, me puse manos a la obra con el reto 47, ya que éste dice que escriba un relato sobre alguien que intenta escapar usando cinco elementos al estilo del famoso agente. Para saber cuáles son esos elementos, debía elegir una letra de alfabeto y buscar cinco que empezasen por dicha letra y se encontrasen en mi habitación.
Es sabido que me gusta complicarme la vida, por eso elegí la V, por ser la inicial de mi apellido. Los elementos escogidos fueron los siguientes:
-ventana
-vaselina
-ventilador
-vaso
-visera
¿Difícil? Nada lo es, al menos en apariencia, para MacGyver, ni tampoco para la protagonista de mi relato.
¡Pasen y lean!

LA ESCAPADA
Tamara se lanza contra la puerta con un grito de protesta. No solo no consigue que su abuela le abra, sino que se lastima el costado izquierdo. Se aferra las costillas doloridas y se sienta en el suelo con las piernas cruzadas y gesto ceñudo.
Maldice la hora en que sus padres decidieron dejarla con la abuela mientras durase su congreso internacional en Londres. Tamara no es una cría, ya tiene doce años. Podría estar sola esos tres días, pero no se lo han permitido. La abuela casi nunca la ve, cree que sigue siendo una cría de cinco y como tal la trata.
Qué injusticia. Todo por haber llegado tarde y borracha la madrugada anterior. La vieja pretende retenerla en casa para evitar que salga con sus amigos. Que no le convienen, dice, que la empujan a hacer locuras. Qué sabrá ella, si apenas la conoce. De lo contrario, sabría que Tamara no es de las que se resignan. Encontrará la forma de escapar y reunirse con su pandilla.
La cabeza de la chica empieza a maquinar. Por suerte, la ventana de la habitación da a la calle. Si no fuese por su estrechez, podría salir por ella sin problemas. Hay además otro inconveniente: la vieja ha demostrado poseer un oído finísimo. Si no fuese así no habría oído llegar a Tamara de madrugada.
Pasea la vista por la habitación. No se rinde, algo habrá que le sirva. Abre cajones, están hasta los topes de utensilios viejos, rotos y desgastados. En uno de ellos encuentra un bote de vaselina del siglo pasado. Reprime una exclamación triunfal y procede a engrasar el marco de la ventana con el producto. Esto permitirá que, con solo algo de esfuerzo, pueda escurrirse hacia el exterior.
Aún está el problema del ruido que su fuga pueda ocasionar. Tamara tiene una idea. Acciona el ventilador eléctrico, que produce un estruendo capaz de tapar cualquier otro sonido. Para asegurarse de que la vieja no la oirá, Tamara estrella un vaso contra el parquet. Nada, no siente que su abuela reaccione. Es el momento.
Está a punto de pasar por la ventana cuando repara en un detalle. Al huir de esa forma, es posible que algún vecino la descubra y se chive a su abuela. El barrio está plagado de entrometidos. Para evitarlo, se coloca una gorra con visera que ha encontrado en uno de los cajones. Es una prenda que ella jamás usaría, nadie podrá reconocerla si mantiene la cabeza gacha.
Ahora sí, ya está preparada. Con prisas para que el ruido del ventilador no la deje sorda, se encarama al alféizar y se fuerza a pasar por el hueco de la ventana. Está en un primer piso, por lo que salta sin temor. Se golpea la rodilla al caer, nada grave. La gorra con visera se le resbala, le queda un poco grande. Tamara vuelve a colocársela antes de echar a correr.
No sabe que su abuela se dirige a casa con la compra, y que al doblar la esquina se dará de bruces con ella.

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