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sábado, 24 de septiembre de 2016

Comunicación

¡Feliz sábado!
Hoy traigo otro relato para el reto de El Libro del Escritor.
Se trata del número 21: "empieza una historia con: "Pero ese no era el final". Haz un flashback y explica cómo ha(n) llegado hasta ese punto y el verdadero final".
Me lo he llevado a un ámbito quizá polémico, pero sobre el cual me apetecía expresar una opinión. Como siempre, espero que os guste, y con suerte, invite a la reflexión.
Pasen y lean...

Comunicación
Pero ese no era el final. Había dedicado demasiado tiempo a aprender cómo comunicarme con ellos. No podían destruirlo como a uno más. Era la única esperanza para los suyos.
Debía reaccionar. Miró a su oponente a los ojos.
—Espera, por favor. No lo hagas.

Desde el día de su nacimiento no había conocido nada más que el extenso recinto en el que lo habían criado. No había llevado una mala vida, pero habría sido mejor si no hubiese sabido a temprana edad lo que le deparaba el destino, a él y a todos sus compañeros.
Un joven especímen de aquellas exóticas criaturas se lo había advertido, a través de la valla que separaba sus mundos:
—Cuando crezcas y seas grande y fuerte te matarán de forma horrible. Lo he visto, lo hacen con todos. Es un espectáculo.
Entonces él no había sabido replicar, ni preguntar por qué harían algo así. No lo trataban mal. Pronto se fijó en que los mayores que abandonaban el recinto nunca regresaban, y entendió que aquel ser tenía razón.
Durante mucho tiempo meditó sobre el mejor modo de impedir que hiciesen daño a los suyos. Se preguntaba cómo convertir a los enemigos en amigos. Cuando creyó dar con la solución, se aplicó a fondo.
Contemplaba a aquellas criaturas cada vez que se acercaban, prestaba atención cuando interactuaban con él. Cada noche se entrenaba en solitario para reproducir aquellos sonidos, se esforzaba para que tuvieran sentido en el idioma de sus captores. Dedicó el resto de sus días de fingida libertad inmerso en el aprendizaje.

Allí estaba, no había vuelta atrás. Todo podía irse al garete con facilidad. Dudó, pero solo podía intentarlo. No tenía nada que perder.
—No lo hagas —imploró el toro.
El hombre le devolvió la mirada, atónito.
—Creo que el cansancio me está pasando factura —murmuró.
—No me mates —insistió el animal—. Por favor.
—¿De verdad estás hablando? —El torero parecía comprender que su oponente se dirigía a él— ¿Desde cuándo los toros hablan?
—Aprendí porque uno de los vuestros me dijo que pasaría esto. Quería una oportunidad para salvarme.
En las gradas, la gente aullaba. Pedían la muerte del toro. El hombre tragó saliva.
—Lo siento.
El animal gimió y cerró los ojos, resignado. Por lo menos lo había intentado. Esperó la estocada final con aprensión, pero sin retroceder.
La espada se clavó en la arena, y el torero cayó de rodillas frente a su víctima. Sus ojos estaban húmedos. El toro no daba crédito:
—¿Me perdonas? —preguntó, esperanzado. El otro sacudió la cabeza. No parecía escuchar los abucheos del público. O tal vez no le importaban.
—Era yo —confesó—. El que te contó lo que hacemos con los toros. Nunca quise dedicarme a esto, me viene por tradición familiar.
El animal lo reconoció. Acarició su rostro con el hocico.
—Las tradiciones absurdas están para romperlas, ¿no crees?
—Y que lo digas. —Sonrió el hombre. Abrazó al agotado toro, inmune a los gritos de odio de los seres considerados racionales que llenaban las gradas.




3 comentarios:

  1. Me ha encantado, Ana. Menuda vuelta de tuerca al tema taurino. 😊😊😊

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  2. Me ha encantado, Ana. Menuda vuelta de tuerca al tema taurino. 😊😊😊

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    1. ¡Muchas gracias, Avelina! :) Ya sabes, yo siempre buscando otras formas de contar todo, jeje

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