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sábado, 23 de julio de 2016

¡Brujas!

Muy feliz sábado.
Desde la última vez que publiqué una entrada han pasado tantas cosas que ya no sé ni por dónde empezar.
Miento, sí que lo sé, lo más importante, eso que los que me seguís por redes ya habréis leído: soy la ganadora del I Concurso NOVELÍZATE de Luhu Editorial.
¿Qué significa esto? Que los amigos de Luhu van a publicar mi primera novela, en papel y digital.
No quepo en mí de emoción. El thriller fantástico "La Búsqueda de los dioses" llevaba en mi cajón mucho tiempo. Al oír hablar del concurso, la saqué, le retiré el polvo, y la puse guapa para que quedase lo mejor posible y conquistase al jurado.
No me cansaré de agradecer a las 70 personas que se molestaron en entrar en la página del concurso y votarme para lograr que mi novela llegase a ese jurado, que después la elegiría como la mejor entre las más votadas. ¡GRACIAS!
Os informaré por aquí de las novedades al respecto. De momento, calculamos que el libro podría estar listo para septiembre, así que habrá que tener un poquito de paciencia.

Otras cosillas que me han pasado estos días: he asistido por primera vez al festival de Mundos Digitales, en A Coruña. Allí tuve la oportunidad de conocer y aprender de grandes profesionales del mundo del 3D y la animación; entre ellos, el gran Ed Hooks, actor que nos regaló unas cuantas claves en apariencia simples, pero más complejas de lo que pudieran parecer, para lograr emocionar al público. Y es que, tal y como yo lo veo, teatro y literatura son casi lo mismo: comparten un sentido similar; ambas artes crean realidades, mundos y personajes inexistentes, con la finalidad de provocar sentimientos en el espectador/lector.







Fue un lujazo de charla, y él un descubrimiento de persona, capaz de emocionarse con la misma historia una y otra vez.


Ya lo último antes de dejaros con el relato semanal: el día 28 será la presentación de la antología "Refugiados", de Playa de Ákaba, en la cual participo. Como ya comenté en alguna otra ocasión, se trata de una obra solidaria: todos los beneficios que recaude serán destinados a la plataforma Refugiad@s de Extremadura.
En esta ocasión, yo no podré asistir a la presentación, y me da mucha rabia, me apetecía de verdad el encuentro con los compañeros y, por supuesto, los lectores; quienes podáis ir, animaos: será en la Biblioteca Eugenio Trías a las 18:00 horas.

Ahora, vamos con el tema del relato de hoy. He querido cumplir el reto 13 de El Libro del Escritor: usar el título de tu libro favorito cuando era pequeña como inspiración. La historia no debe asemejarse a la original.
Pues bien, no sé si "Las Brujas" de Roald Dahl era mi libro favorito, me gustaban demasiados; pero tengo grabada en mi memoria la imagen de mí misma escondida bajo las mantas, a las tantas de la madrugada, sin poder parar de leer y reír con esa historia. De modo que es el título que he elegido para mi relato, el cual no tiene nada que ver con el libro del maestro.
¡Disfrutadlo!


Las Brujas

La espesura silbaba a nuestro alrededor. Hacía un frío helador, y a pesar de que las llamas de la hoguera nos calentaban, solo quería volver a mi casa. Intercambié una mirada con Elena. En su rostro no se apreciaba ni un ápice de la inquietud que yo sentía. Tragué saliva e intenté en vano relajarme.

Apenas una semana antes nos habíamos sentido las chicas más afortunadas del mundo. Éramos las ganadoras del reto de nuestro programa de televisión favorito, Hechízame, en el cual la presentadora y sus colaboradoras realizaban impresionantes trucos de magia. El reto había consistido en resolver un acertijo lanzado desde el programa. Habíamos contestado a través de su página web, y al día siguiente supimos que éramos las dos vencedoras. El jugoso premio consistía en conocer a los miembros del equipo del programa. Se reunirían con nosotras y nos darían una lección magistral. ¿Qué más podían pedir dos jóvenes estudiantes de audiovisuales como nosotras?

El fuego crepitaba ante nuestras narices. Las colaboradoras del show nos miraban y sonreían. Una de ellas cargaba un pequeño gato negro en brazos. El felino parecía tan nervioso como yo misma. Tal vez intuía lo que le esperaba.

Cuando nos informaron de que la reunión tendría lugar a medianoche en medio del bosque, me había extrañado. El razonamiento de Elena no me convencía: según ella, los responsables intentaban crear un ambiente más misterioso y mágico para el encuentro. A mí me daba mala espina. Accedí a ir solo por no decepcionar a mi amiga.

La productora del programa nos había recibido en la linde del bosque. Era una mujer bajita y de actitud nerviosa, no paraba de moverse y parlotear. Nos internamos las tres juntas en la espesura. Mientras caminábamos, quise sacarle alguna información a la productora. Pero ella solo hablaba banalidades: comentaba el frío que hacía, lo poco prácticas que eran las universidades como la nuestra, temas por el estilo.

Llegamos hasta un claro en plena foresta. Allí estaban ellas; las cuatro personas que más admirábamos en el mundo, ante nosotras. Solo faltaba la presentadora. Supuse que estaría ocupada, que se nos uniría más tarde.

Al vernos llegar, las mujeres abrieron el grupo para incluirnos a nosotras y a la productora.
—Bienvenidas —nos saludó la que cargaba al gato—. Llegáis justo a tiempo.
—¿Para qué es la hoguera? —pregunté. Ellas intercambiaron miradas de cejas alzadas, oí alguna risa contenida. No pude evitar sentirme un poco idiota.
—Es una reunión un poco especial —nos confesó la productora en voz baja.

Nos contaron lo que yo ya había deducido, el secreto del éxito de su programa. No eran mujeres corrientes, eran brujas. Con sus hechizos podían conseguir todo lo que deseaban: una casa, un viaje, un programa de éxito, lo que fuera.

—Vosotras sois las ganadoras del reto, por lo que tenéis derecho a uniros a nosotras.
Elena parecía entusiasmada. Yo estaba aterrorizada. Las llamas de la hoguera crepitaban con violencia ante nosotras, y algo me decía que no nos habían revelado todo. Deseé largarme de allí, pero el miedo me paralizaba.
—Solo tenéis que pasar una pequeña prueba —nos indicó la del gato—. Nada difícil, un conjuro para demostrar que tenéis madera de brujas.
El felino maulló asustado desde sus brazos. Tragué saliva.
—¿Y para qué es el gato?
Las brujas ampliaron sus sonrisas. La productora me respondió en voz baja:
—Todo hechizo necesita un sacrificio.
Se me cayó el alma a los pies. Me giré hacia Elena con la esperanza de que dijese algo oportuno, o que me tomase del brazo para escapar juntas de aquel círculo demoníaco.
Pero mi amiga permanecía inalterable, como si lo que oíamos fuera lo más normal del mundo.
—¿Quién quiere ser la primera? —invitó la bruja del gato con amabilidad, a la vez que nos tendía al animal. Elena dio un paso al frente.
—¿Podré conseguir todo lo que quiera, de verdad? —Quiso asegurarse. La otra asintió, y mi amiga cogió al felino. La productora le tendió un cuchillo.
—Tienes que hacerlo despacio, o no funcionará.
Contemplé horrorizada cómo Elena sostenía al animal en vilo, con una mano, mientras que con la otra se disponía a apuñalarlo. Grité y me lancé para evitar la carnicería.
En cuanto toqué al gato, me vi propulsada hacia las llamas. Mientras ardía entre aullidos de dolor, contemplé cómo el animal cobraba forma humana con una carcajada.
Era la presentadora. Antes de que mi conciencia se desvaneciese para siempre, aún alcancé a oír lo que le decía a Elena:
Solo podía ganar una de vosotras. Tu amiga ha demostrado que no tiene madera de bruja. En cambio, tú tienes lo que se necesita.
Casi desmayada del dolor, atisbé la mirada triunfal de Elena. Lo último que pensé fue que la presentadora tenía toda la razón.








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