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viernes, 17 de junio de 2016

Aterrizando en el mundo de los sueños

¿Cómo estáis, amigos de las letras? Yo muy ilusionada por varios motivos.
Sobre el primero aún no puedo daros más que una palabra clave: TimeJust. No os dejaré con la intriga, mucho tiempo, la semana que viene lo contaré con más detalle.
El segundo motivo: he alcanzado los 60 votos en el concurso NOVELÍZATE de Luhu Editorial. Es una cifra que me abruma, significa mucha gente que quiere darme su apoyo. Pero puede que no sea suficiente, por eso pido que no dejéis de apoyarme en el siguiente enlace:
El tercer motivo: cada vez queda menos para julio, el que significará mi segunda participación en un Camp NaNoWriMo. La novela que planeo escribir durante el próximo mes es una historia bastante personal. Tiene que ver con el mundo de los sueños. Y, para ir entrando en materia, estoy entrenando con relatos relacionados con el tema, historias que podían estar ambientadas en el universo ficticio de la que será mi futura novela.


Es el caso del relato de esta semana, el cual cumple también el reto 45 de El Libro del Escritor: Escribir un relato de alguien que despierta de pronto con súperpoderes.



¿A qué estáis esperando? Poneos cómodos, leed y empezad a soñar.


VUELO

Todo era hermoso a mi alrededor: los prados, las montañas al fondo, el cielo azul intenso sin una
sola nube a la vista.
Había regresado a aquel escenario típico de mi infancia, y no podía ser más feliz.
Casi no recordaba los problemas que me atormentaban en los últimos tiempos. Asuntos
personales y laborales, tenía donde elegir. Pero no había sitio para ellos en aquel idílico lugar.
La hierba mullida acariciaba mis pies descalzos. Rodé por la pradera y reí a carcajadas. Me
levanté y eché a correr. Con un salto, me elevé.
Crucé el prado a unos dos metros del suelo. La sensación de plenitud era tal que quería
llorar.
Una mujer apareció a mi lado. Ella también volaba. Era la joven más hermosa que jamás
hubiera visto. Me sonrió y habló con voz dulce:
—Ahora vas a volver. Pero recuerda algo importante: allí también puedes volar. Si crees
con firmeza que puedes hacerlo, será realidad.
Al principio no entendí sus palabras.
El bello paisaje tembló y empezó a desdibujarse. Me asusté.
Ya no estoy en el querido territorio de mis sueños. He despertado y me encuentro frente
a un edificio decadente. Es el motel de mala muerte en el que me he alojado después de que mi
mujer me abandonase. De eso hacen ya diez meses. Por si fuera poco, me han echado del trabajo,
y casi no tengo para vivir.  Soy consciente una vez más del mal olor de mi ropa, del dolor de mi
estómago vacío.
¡Cómo deseo estar de vuelta en mi pradera de infancia!
Reparo en un hecho curioso: he despertado, pero mis pies se mantienen despegados del
suelo. Me encuentro en el exterior, a la altura de la ventana abierta de mi habitación del tercer
piso.
De modo que sigo soñando. Es la única explicación posible. En la realidad, la gente normal
no vuela. Y yo seré un desgraciado, pero soy muy normal.
Revoloteo  alrededor  de  la  asquerosa  pensión.  La  sensación  es  magnífica,  puedo
desplazarme a donde quiera sin esfuerzo.
Me impulso hacia el centro de la ciudad.  Quiero contemplar mi mundo cotidiano desde
esa nueva perspectiva. Tal vez no sea tan gris a vista de pájaro.
Hay mucho alboroto por las calles. Me doy cuenta de que soy yo quien causaba el bullicio.
Al verme pasar, la gente alza la vista. Me señalan con asombro, exclaman palabras que no escucho
debido a la distancia.
Esas reacciones me hacen dudar. ¿Por qué los sorprende un hombre volador, si estamos
en el mundo de los sueños?
Escucho la voz de la bella mujer en mi cabeza:
«Porque  ya  no  estás  soñando.  Como  te  prometí,  mantienes  el  don  del  vuelo  en  la
realidad».
Siento que el estómago se me encoge. Dirijo la mirada al lejano asfalto. No me atrevo a
calcular a qué distancia me encuentro del suelo. Con razón esas personas se alarman al verme.
«No puede ser», pienso. «No puedo volar si estoy despierto, es imposible».
Como si el pensamiento tuviese la facultad de romper el hechizo, me precipito hacia el
suelo.  Oigo  los  gritos  de  la  gente,  que  se  suman  al  mío.  Siento  cómo  mi  cráneo  revienta  al
estrellarse contra la cálida acera. En mi agonía, aún puedo oír la voz burlona de la mujer:
«Humano idiota, te dije que tenías que creer en tu capacidad para volar».
Ríe con crueles carcajadas mientras mi consciencia se evade.  Despacio, me sumo en un
nuevo sueño del que ya no despertaré.








2 comentarios:

  1. Me encanta como escribes, Ana. Muestras perfectamente al lector lo que vive el protagonista y haces que pueda empatizar con él al sentir lo que experimenta. Chapó.

    P.D.: Solo comentarte que vigiles un par de saltos de linea que se te han colado en el texto y una "i" que falta en la palabra sitio: "Pero no había sito para ellos en aquel idílico lugar."

    :)

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    Respuestas
    1. ¡Gracias, Gustavo, me animan mucho tus conentarios! Ahora mismo corrijo esas erratas. :)

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