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miércoles, 30 de marzo de 2016

De estrellas va la cosa

Tras el merecido descanso de Semana Santa, alzo la vista al cielo; ahora que, gracias al cambio de hora, puedo asistir al anochecer, decido dedicar un relato a esas lucecitas brillantes del cielo que nos guían y nos hacen soñar.




















CAZADORES DE ESTRELLAS

Día 1, por la noche

Las vías de tren parecían más solitarias que nunca. Lesath las contemplaba abstraída cuando recibió una notificación en su localizador. La joven leyó el mensaje y tragó saliva. Se acercaba una tormenta. No de las que tienen rayos y truenos. Era otro tipo de tempestad el que la preocupaba.
La gente no lo sabe, pero a veces las estrellas caen en la Tierra. Un grupo de personas se dedican a encontrarlas y devolverlas al firmamento del que proceden. Se llaman a sí mismos cazadores de estrellas. Lesath era una de ellos. De hecho, ostentaba el dudoso honor de ser la peor cazadora de la historia, la que más estrellas perdía.
Los cazadores mantienen su actividad en secreto; si se enterasen de que las estrellas están tan a menudo al alcance de su mano, la mayoría de las personas querrían quedarse con ellas. Los cazadores no pueden permitir algo así. Consideran que las estrellas pertenecen al cielo, y allí deben regresar.
Por lo general, ellas están encantadas de volver a su hogar. Pero Shaula es diferente.

Día 2, por la mañana

En la sala de reuniones de los cazadores de estrellas se respira un ambiente tenso. Nadie habla con palabras. El lenguaje corporal de los presentes lo dice todo. Se miran unos a otros de reojo, con sospecha. Intuyen la razón de ser de la reunión. Lesath reza para que ninguno se percate de su nerviosismo. Si descubren que ha venido directa desde la estación de tren, estará perdida. Averiguarán el porqué, Girtab lo hará. Entonces ella será expulsada de forma definitiva, con todo lo que eso implica. La pérdida de su identidad, de sus objetivos y hasta su felicidad.

Día 1, por la tarde

Girtab estaba que trinaba. Era el presidente y el mejor cazador del año por quinta vez consecutiva. Pero acababa de perder la primera estrella de su carrera.
Dar con Shaula había sido difícil en extremo. Era curioso, pero parecía desesperada por quedarse en la Tierra. Había llorado, le había suplicado, y tras las repetidas negativas de Girtab, se había escabullido de su trampa con la agilidad y sigilo de una lagartija.
Girtab nunca había tenido que encajar una derrota como aquella, y no estaba dispuesto a hacerlo. No habría sabido cómo.
En cuanto notó la falta de Shaula, Girtab había acudido a la base de los cazadores. Su intención era hacerse con el rastreador más potente que hubiera. Una vez allí, se había llevado una desagradable sorpresa.

Día 2, por la mañana

Cuando Girtab empieza a hablar, todos guardan silencio. Lesath incluso aguanta la respiración, en un intento de tranquilizarse.
—Compañeros, he convocado esta reunión porque tengo algo importante que decir.
Los cazadores están pendientes de sus palabras pese a intuir lo que había pasado. Lesath juguetea con el asa de su bolso.
—No quiero crear mala atmósfera en el grupo —continúa Girtab—. Pero hay un saboteador entre nosotros.
Se alzan murmullos de indignación y desconfianza.
—Los útiles de rastreo han sido destrozados —los informa el jefe—. También he notado que falta una poción de esencia humana. Solo nosotros tenemos acceso al almacén.
—¿Qué motivos iba a tener alguno de nosotros para hacer algo así? —interrumpe un cazador. Lesath siente el impulso de darle un abrazo, pero se contiene.
—Ésa es la cuestión —señala Girtab con frialdad—. Alguien los tiene, por lo que voy a investigar a fondo a cada uno de vosotros.
Lesath se encoge en su asiento.

Día 1 al anochecer

Sucedió mientras Lesath daba un paseo nocturno. Le gustaba observar las constelaciones.
Tan distraída estaba observando los puntitos luminosos del cielo que no reparó en el que se acercaba a toda velocidad en su dirección. Chocaron y cayeron sobre la hierba húmeda.
No daba crédito. Era una estrella. Nunca conseguía cazarlas, y allí tenía una. Guardaba la apariencia de todas las estrellas recién caídas: una persona de no más de veinte centímetros de altura que desprendía una luz intensa. Lesath sabía que poco a poco esa luz se iría apagando, hasta extinguirse por completo. Era preciso devolverla cuanto antes al cielo, o moriría.
Pero cuando se dispuso a cogerla, la pequeña se zafó. Miró a Lesath con ojos suplicantes.
—Por favor. Quiero quedarme en la Tierra.
Lesath no tuvo que pensar mucho para tomar una decisión. Una estrella que no quería volver era algo insólito, pero no un caso único. Había una alternativa para aquella criatura.

Día 2 por la mañana

La botella de esencia humana es pequeña y no está llena, pero a Lesath le pesa como una losa. Tiene la impresión de que en cualquier momento notarán que está en su bolso.
Se lamenta por no haber tenido tiempo de desembarazarse de ella antes de ir a la reunión. Solo han pasado unas horas y Girtab ya se ha percatado del destrozo.
La poción convierte a las estrellas en humanos. Cuando la beben, la única evidencia que conservan de su verdadera naturaleza es una marca en forma de estrella en la palma de su mano izquierda.
Lesath piensa en Shaula. Recuerda su expresión de felicidad al partir hacia lo desconocido a bordo de aquel tren. Expresión en el rostro de una niña humana.

Día 2, por la tarde

Girtab corre a más no poder hacia la casa de Lesath. Le parece mentira no haberse dado cuenta antes. Se pregunta si se estará haciendo demasiado viejo y perdiendo facultades.
Todas las piezas encajan. Se maldice a sí mismo por no haber sido capaz de interpretar la evidente agitación de la joven durante la reunión de por la mañana.

No fue hasta después de levantar la sesión que un novato le había sugerido que comprobase los vídeos de seguridad. Acostumbrado a vérselas con gente calculadora y hasta retorcida, Girtab había dado por hecho que el culpable habría eliminado una prueba tan evidente. Pero se equivocaba.

Tira abajo la puerta de Lesath sin miramientos. Lanza un rugido de rabia. Hay que reconocer que la chica es rápida. Ha desaparecido y algo le dice a Girtab que no volverá.

Día 2 a mediodía

A Lesath la coge por sorpresa el hecho de que la reunión concluya sin hallar un culpable. Agradece su suerte y palpa la botella medio llena a través de la tela del bolso. Lo mejor será devolverla al almacén. Con suerte, Girtab y los demás olvidarán pronto el asunto.
Camina por el pasillo y escucha a un novato que habla con Girtab. Se le contrae el estómago al oír lo que le sugiere.
Da media vuelta y echa a correr hacia la salida. Hacia la estación de tren.
Sabe que Girtab irá a buscarla. Quiere huir lo más lejos posible. Se reunirá con Shaula. Juntas podrán iniciar una nueva vida lejos de los cazadores.
Lesath sube al tren. Mientras avanza contempla la palma de su mano. La marca en forma de estrella le recuerda que tampoco ella había querido irse. No permitiría que nadie las obligase a hacerlo.

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