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martes, 5 de enero de 2016

Felices fiestas

Empieza un nuevo año y...Sí, ya sé que hace días que empezó, pero, ¿qué culpa tengo yo de estar ocupada y no tener tiempo de actualizar el blog?Pues eso.Nada de rollos de propósitos y demás. Quien quiera marcárselos que lo haga, quien no, no, y cada uno sabrá acerca de su vida.

En víspera de Reyes quería compartir un relato dedicado a esos regalos que tanta ilusión hacen y que acaban destinados a caer en el olvido. Al final me he decantado por un tema relacionado, pero que creo que es mucho más importante, y por desgracia, se da más de lo que nos gustaría. El abandono "involuntario" de las mascotas.¿Que a qué me refiero? Leed y lo sabréis.

¡Sed felices y que Sus Majestades os traigan un emocionante año!


AGUA

Me gusta el agua.
Cuando veo por primera vez a mi familia no quepo en mí de contento. Tampoco ellos. Noto que a mi alrededor todo es armonía y felicidad, y yo así me siento. Feliz. No puedo pedir nada más.
O tal vez sí; que la situación permanezca así para siempre. Pronto aprendo que no será así.
Pasados unos días se comportan de forma diferente. Siguen tratándome bien, me cuidan y me sacan a pasear dos veces al día. Pero la mayor parte del tiempo lo paso totalmente solo en esta enorme casa vacía.
A veces intentan explicarme el porqué de esta soledad.Yo no hago nada malo, ellos no tienen elección. Es culpa de algo llamado trabajo, colegio y actividades extraescolares. Son conceptos que no comprendo y que odio porque alejan a mi querida familia de mí durante todo el día. Son los que causan que solo puedan jugar conmigo unos escasos minutos por la noche, cansados y sin ganas. Enseguida tienen que ir a dormir para descansar bien. Lo necesitan para rendir en el trabajo, en el colegio, en las actividades extraescolares.
Sé que no debería quejarme y después de hacerlo me siento egoísta.
Hay muchos perros con problemas más graves que los míos. Sus dueños no les quieren, los abandonan e incluso les pegan. A mí siempre me han tratado bien. Noto que me quieren. Cuando están en casa, todos los miembros de la familia juegan conmigo, me dan mimos. Pero cuando se marchan me siento también abandonado. Y lo que es peor, siento que ellos lo saben y les duele tanto como a mí. Es un abandono que nadie desea y nadie puede evitar. Porque así son los tiempos que corren, los humanos tienen que trabajar y estudiar.

Me gusta el agua. Hoy como cada día salimos a pasear por la mañana temprano. Una vuelta a la manzana con papá antes de ir a trabajar. Después se marcha y me dejan solo hasta que cae la noche y todos vuelven.
Pasan otros días similares. Uno ya no es igual, la hermana mayor no vuelve. Otro día, es el pequeño el que desaparece.
No me preocupo, oigo a mamá y papá hablar sobre el nuevo piso de la niña, el apartamento del niño. Soy un perro pero no soy tonto. Entiendo que los niños ya no son niños, y eso me llena de tristeza. Si antes los veía poco, ahora no los veré nunca.

Me gusta el agua. Huelo que el hermano pequeño sube las escaleras. Hace tanto tiempo que no siento su aroma...
Días, meses, tal vez un año entero. Le hago fiestas, me acaricia y me besa, con su smartphone en la otra mano. Lo miro de reojo, debe ser algo bastante importante. Sé que yo soy importante para él, así que el smartphone debe serlo también.
Con aire distraído me coloca la correa, y mientras la sujeta con una mano, con la otra sigue tecleando con habilidad.
Salimos. Enfrente de casa hay un parque con un estanque.
Me gusta el agua y me gusta contemplar la del estanque.
Echo a correr. El hermano pequeño no se lo espera, está ocupado con el smartphone. No le da tiempo de tirar de la correa para retenerme.
Solo noto las ruedas sobre mi cuerpo durante un instante. Me vuelvo plano y ya no siento nada. Me alejo pensando en mi familia, la familia que tanto me quiso y tan poco tiempo tuvo para demostrármelo.
Antes de irme del todo oigo los sollozos del hermano pequeño. Mis ojos ya sin vida lo miran, mis oídos inertes perciben sus palabras de desesperación.
—Agua… Agua…
Pero yo ya no puedo responderle.


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