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viernes, 4 de diciembre de 2015

Cadejo

Tras una semana de ajetreo constante, por fin encuentro un hueco para escribir un poco en el blog.

El trabajo a destajo en clase, las jornadas sobre promoción de la lectura y las correcciones de la novela que he escrito durante el NaNoWriMo me han tenido muy ocupada últimamente.

Ayer tuve el placer de asistir además a la entrevista realizada a Jostein Gaarder en la Biblioteca Eugenio Trías de Madrid. El motivo era el aniversario de la colección de Las Tres Edades de la editorial Siruela. Aquí dejo algunas de las aportaciones del genial autor que más relevantes me parecieron:


"Las historias sirven para amueblar nuestras mentes, y nuestras mentes están preparadas para las historias."
"Igual que nos preocupamos de que los niños no se vayan a la cama sin lavarse los dientes, tampoco deberían irse sin el momento del cuento, ese "momento de calidad"."

"Nunca he querido ser adulto, entendiendo esto como dar las cosas por sentado, o dejar de sorprenderte por la vida."

"Ser pesimista es ser vago, perezoso. Los pesimistas son decadentes. Bajo ciertas condiciones, yo soy optimista. Entre optimismo y pesimismo está la esperanza, que es una categoría de lucha; si eres realista, no te quedas sentado, si no que luchas, aunque sea con la espalda contra la pared."


"La filosofía no tiene por qué ser una asignatura escolar. Lo ideal es que esté presente en todas las asignaturas. Los niños hacen preguntas por naturaleza, incluso críticas."


Una gozada de entrevista.
Además de estas notas, traigo un relato. Está inspirado en esta fotografía que tomé de camino a casa el otro día.


Cadejo solo quería comer. ¿Qué hay de malo en eso?
Al parecer, mucho. Si no, no lo habrían envenenado.
Soy su amigo, lo cuido, lo cubro con una manta y lo protejo de nuevos ataques. Pero todo es inútil.
Cadejo se muere. Noto sus temblores a través de su sucio abrigo.
Solo quería comer, y allí había un plato de comida. ¿Cómo saber que habría alguien con tanta maldad en el mundo?
La vida en las calles siempre es dura, sobre todo para un joven perro inexperto. Cadejo fue abandonado hace dos días y yo soy su único amigo. su familia ya no es su familia igual que la mía tampoco lo es; no lo son desde el momento en el que les estorbamos y deciden prescindir de nosotros. Como si en vez de seres vivos con sentimientos fuéramos muebles viejos que tirar al comenzar el año Nuevo.
Cadejo no emite ruido alguno. Lo miro. Ya no respira. Entono un lamento en su honor. Algunos callejeros que están por los alrededores se me unen; gatos, perros, algún humano lo bastante sensible. Cubro el hocico seco de mi amigo con la manta y me voy. Yo también tengo hambre.

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