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martes, 17 de noviembre de 2015

El Libro


Otra semana más, y sigo adelante con el NaNoWriMo; la locura de escribir una novela de 50000 palabras durante el mes de noviembre ha dejado de parecer una locura para convertirse en algo posible. Tras dos semanas ya he superado las 30000; si las matemáticas no me fallan, tengo bastantes posibilidades de llegar a buen puerto.
La historia que estoy escribiendo me tiene enganchada. Extraterrestres, viajes, batallas, viajes en el tiempo, y reflexiones mezcladas con mucho humor... ¿qué más se puede pedir?
Como durante el día estoy ocupada (animando y animándome, básicamente), solo puedo trabajar en ella por las noches. Honestamente, he de confesar que paso la jornada deseando que llegue el momento de continuarla, sólo para descubrir qué pasa luego. ¿Surgirán imprevistos? ¿A dónde me llevarán los personajes? ¿Qué se les ocurrirá para rebelarse contra mí? Porque esa es otra, son de un pasota...
Vamos, que de cara al cumplimiento del reto NaNoWriMo, solo me acecha un peligro, el mismo que al personaje protagonista de este relato...


EL LIBRO

Entro en la habitación. El libro me observa en silencio. Me pide que lo lea. Debo hacer los deberes, intento ignorarlo. Pero no puedo. Me susurra. Solo una página, me digo. Lo abro. Es entonces cuando él me devora.

Si ya me lo temía yo. A veces parezco idiota. Estoy entre las páginas. Grito, pido ayuda. Que me saquen de aquí. Tengo que ir a hacer recados. Por favor. Mamá, papá, hermano, perro, quien sea. Ayudadme. Me ahogo entre bellas palabras. Nadie acude en mi auxilio.


Hago un último esfuerzo. Lucho por escapar. Agito mis extremidades, estiro mi cuello. Es inútil. Ya nadie podrá salvarme. Yo lo sé, el libro lo sabe. Me ha atrapado en su cautivador cautiverio. Para siempre.

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